
"A mitad justa del antiguo Camino Real que de Avilés iba a
Pravia, en la aldea de Santiago del Monte, todavía encontraban los
viandantes en los primeros años de este siglo que corre el Gólgota y Calvario de
su andadura. Desde las últimas casas del poblado comenzaba la vía a repecharse y
era forzoso subirla en zigzagueo para hacer soportable –cuando menos- la
escalada hasta Ranón. Cuando el viajero alcanzaba la rasa del Cueplo era
momento de respirar hondo, sobreponerse a la fatiga, y extasiar la vista en las
revueltas aparentemente absurdas que el Nalón va dando para retardar
tímidamente su abrazo con la mar".
Impenitente
oteador de aquel paisaje fue un señor Arzobispo de Valencia que en vida secular
se llamó don
Valeriano Menéndez Conde y nació en las Luiñas de Cudillero,
cercanas a la ría que tanto le enamoraba. Y aún más que enamorado dicen que fue
su exegeta, porque cuentan que cuando camino de su solar natal abocaba la
confusión armónica del río y el océano, decía a su secretario entre solemne y
pavero:
"Descabalga y arrodíllate. ¡Estás en el paraíso!".
Exageraba sin duda el Arzobispo en cuanto a su aspecto terrenal se refería, como
"lugar ameno y deleitoso" y don Valeriano bien sabía que pocos o ninguno
eran los placeres, amenidades y deleites que gozaban aquellas pobres gentes que
él veía hormiguear, desde lo alto, entre el minúsculo caserío de San Juan Del
Puerto De La Arena.
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