
Situación
San Juan de La Arena está
situada en el término municipal de Soto del Barco, a 43 grados, 32
minutos y 3 segundos de latitud Norte; y a 6 grados, 4 minutos y 3 segundos de
longitud Oeste, con arreglo al meridiano de Greewinch. Confina al Norte
con el mar Cantábrico, al Sur con los municipios de Candamo y
Pravia, al Este con el término municipal de
Castrillón y al Oeste con Muros de Nalón.
"Al Oeste San Esteban, por el Este está Ranón, Soto del Barco a la
espalda y nos riega el río Nalón".
El 13 de Mayo de 1893 en "El Carbayón" de Oviedo aparece la noticia del
inicio de las obras de la carretera que lleva de Soto del Barco a
San Juan de La Arena. El 25 de Agosto dan el costo
total de la obra: 119.958,33 pesetas. Para llegar a ella, podemos tomas la N-632
y desviarnos a la que conduce al
Aeropuerto de Asturias, donde una desviación a la izquierda nos llevaría
hasta
Ranón, hermoso lugar desde el que podemos contemplar la desembocadura del
Nalón. También podemos llegar partiendo de Soto y tomando la
carretera de La Arena, distante 3 km. Por una carretera bien asfaltada y
paralela al río Nalón.
Principal núcleo urbano del concejo, tanto
por habitantes como por visitantes, estaba en la coyuntura del s. XIX
magníficamente situada, por sus posibilidades de relación con las cuencas
mineras, donde tuvo lugar el primer empuje industrializado en Asturias, y
por su carácter de salida natural al mar para gran parte de la región.
La
disposición y la forma que adopta el hábitat costero está estrechamente
determinada por las características del medio físico en que el asentamiento
tiene lugar, los amplios arenales y la ausencia de relieve destacado permiten
adoptar formas independientes, a veces regulares o con el predominio de casas
terreras.
San Juan de la Arena, al igual
que otras localidades costeras de la región, tuvo antaño en el sector pesquero
fuentes de riqueza, casi en cien por cien de su población vivía de los ingresos
que generaba la pesca, sin embargo, con el paso de los años, la actividad fue a
menos hasta llegar prácticamente a desaparecer. De más de un centenar de
embarcaciones que llegó a contar la flota pesquera, que se dedicaban por
completo a este arte, se pasó a menos de una decena. Sus habitantes se han ido
abriendo camino por otros derroteros bien diferentes al mar, salvo la pesca de
la angula, aunque el carácter temporal de este trabajo obliga a complementar los
ingresos con otro tipo de actividades. La cercanía a la siderurgia integral
permitió en otro tiempo la implantación de pequeñas industrias de transformados
metálicos: los desguaces de buques, aprovechando la demanda de chatarra y las
condiciones favorables a la implantación, como los atraques, superficies
abandonadas y playones para barar la parte inferior del casco.
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